Útiles y colegiatura son lo obvio del regreso a clases. El verdadero golpe llega después: pasajes, comidas, copias y apps. El peligro de estos gastos hormiga no es su precio, sino que te atacan cuando ya te quedaste sin presupuesto.
Cuando pensamos en el regreso a clases normalmente aparecen los gastos más evidentes: inscripción, útiles, uniformes y libros.
Sin embargo, el verdadero costo de volver a estudiar puede ser bastante mayor.
Transporte, comidas, impresiones, plataformas digitales, materiales inesperados y actividades comienzan a aparecer conforme avanzan las semanas.
El problema no siempre es que cada uno sea demasiado caro. Es que muchos gastos pequeños llegan después de haber utilizado buena parte del presupuesto en las compras iniciales.
Durante muchos años, el modelo educativo giró alrededor del libro físico. Las editoriales desarrollaban contenidos, las escuelas seleccionaban materiales y los estudiantes compraban las nuevas ediciones.
Internet cambió esa dinámica.
Actualmente, un estudiante puede consultar videos, cursos, ejercicios interactivos y asistentes de inteligencia artificial desde prácticamente cualquier dispositivo.
Para Pearson, esta transformación significó que vender contenido ya no era suficiente. La empresa comenzó a desarrollar productos digitales capaces de acompañar al estudiante durante diferentes etapas de su aprendizaje.
Los productos digitales permiten modelos diferentes a la venta tradicional de un libro. Plataformas, certificaciones, evaluaciones y herramientas educativas pueden utilizarse continuamente. Esto convierte a la tecnología educativa en un mercado donde la automatización ya no es opcional para las empresas e instituciones que buscan mantenerse vigentes.
Una de las aplicaciones más interesantes de la inteligencia artificial en educación es la posibilidad de ofrecer apoyo personalizado. Un estudiante puede solicitar explicaciones alternas o ejercicios a la medida, del mismo modo en que hoy se analiza cómo puede ChatGPT ayudar a las finanzas y a la resolución de problemas complejos.
Un estudiante puede necesitar que un concepto se explique nuevamente, solicitar ejercicios adicionales o buscar una manera diferente de entender un problema.
Pearson ha comenzado a incorporar funciones de IA generativa en algunas de sus experiencias educativas y sostiene que estas herramientas buscan utilizar su propio contenido académico como base.
La diferencia frente a un libro tradicional es evidente: el contenido comienza a responder al estudiante.
La inteligencia artificial no solamente puede utilizarse para enseñar. Saber trabajar con ella también se está convirtiendo en una habilidad profesional.
Pearson anunció módulos educativos orientados a desarrollar habilidades prácticas de IA en más de 20 disciplinas, incluyendo negocios, salud y ciencias.
Esto refleja una transformación importante: las universidades ya no solo deben preguntarse cómo controlar el uso de inteligencia artificial, sino también cómo preparar a sus estudiantes para trabajar en una economía donde esta tecnología será cada vez más común.
La historia empresarial está llena de compañías que dominaron una tecnología durante años y tuvieron dificultades cuando apareció una alternativa.
Pearson enfrenta un reto parecido.
Los estudiantes tienen cada vez más opciones gratuitas o de bajo costo para encontrar información. Eso obliga a la empresa a ofrecer algo más que páginas llenas de contenido.
Su experiencia educativa, propiedad intelectual y relaciones con instituciones pueden representar ventajas importantes, pero necesitan convertirse en productos adaptados a la nueva forma de aprender.
El caso Pearson muestra que la inteligencia artificial no está transformando únicamente empresas de software.
También está obligando a compañías tradicionales a reconsiderar qué venden realmente.
Pearson comenzó vendiendo libros. Actualmente compite por ofrecer experiencias de aprendizaje, evaluaciones, certificaciones y herramientas digitales.
El cambio puede resumirse de una manera sencilla: antes el producto terminaba cuando el estudiante abría el libro; ahora las compañías educativas buscan acompañarlo durante todo el proceso de aprendizaje.
La historia de Pearson demuestra que una empresa no necesariamente tiene que abandonar aquello que sabe hacer para reinventarse. En ocasiones, necesita encontrar una nueva manera de convertir ese conocimiento en un producto relevante para la siguiente generación.
Redacción Hey Banco Equipo editorial de Hey Banco Última actualización: 31 de julio de 2026 |
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