Un seguro de vida no es un gasto extra; es la herramienta que convierte una tragedia en un problema administrable. Si faltas, tus dependientes necesitan tiempo para reorganizarse: renta, hipoteca, colegio, alimentos, transporte, deudas. Una buena póliza aporta liquidez inmediata en el peor día, evitando ventas urgentes o deudas caras. Actúa como extensión de tu ingreso futuro, dándoles tiempo para decidir sin presión.
La póliza paga una suma asegurada a tus beneficiarios si falleces (y, según el plan, por invalidez). Esa suma sustituye ingresos perdidos y liquida pasivos que podrían volverse impagables (hipoteca, auto, créditos personales). Imagina una familia que gasta $30,000/mes y tiene hipoteca de $1.2 MDP: para mantener el nivel por 5 años y liquidar la hipoteca, la cobertura objetivo rondaría $3.0–3.5 MDP (gastos × 60 meses + pasivos + un margen para inflación y trámites). Este cálculo práctico comunica una idea clave: el seguro no busca “hacerlos ricos”, sino mantener el proyecto.
Usa una regla inicial (5–10 veces tu ingreso anual) y afínala con tu realidad: número de dependientes, edad de los hijos, costo de su educación, hipoteca pendiente y ahorro ya existente. Si hoy no alcanzas la cifra “ideal”, contrata una suma intermedia y prográmate para aumentarla cada 12 meses o cuando suba tu ingreso. Mantén la cobertura indexada si el plan lo permite; protege el poder adquisitivo de tus beneficiarios.
El temporal (5–30 años) ofrece mucha cobertura a bajo costo; es excelente para cubrir etapas críticas (hijos pequeños, hipoteca). El vitalicio dura toda la vida y puede acumular valor en efectivo; útil para planeación patrimonial o sucesoria, pero con primas más altas. Los mixtos combinan protección y ahorro en el mismo contrato; pueden tener sentido si te cuesta ahorrar por separado, aunque su costo por peso asegurado suele ser mayor que el temporal puro. Una estrategia frecuente: una base vitalicia moderada y un temporal robusto mientras tienes mayores responsabilidades.
Responde el cuestionario de salud con verdad (tabaco, padecimientos, tratamientos). Ocultar información puede invalidar el pago. Designa beneficiarios por nombre y porcentaje; actualízalos al casarte, divorciarte o tener hijos. Define si serán revocables/irrevocables según tu contexto. Guarda póliza, certificados y teléfonos en un lugar accesible; la liquidez rápida depende también de que tu familia sepa a quién llamar.
El mejor seguro es el que no cancelas: elige una prima que puedas sostener por años y activa cargo automático. Pregunta por riders relevantes: invalidez total y permanente (exenta primas futuras), enfermedades graves, muerte accidental, educación. Revisa periodos de espera, exclusiones y si la suma se actualiza por inflación. Compara “costo por millón” asegurado entre compañías; te da una base pareja de decisión.
Vincula la póliza con tu presupuesto, ahorro e inversiones. Si liquidas hipoteca, quizá puedas reducir suma asegurada; si nace un hijo o cambias de trabajo, probablemente debas aumentarla. Revisa anualmente: ¿la suma sigue cubriendo gastos x años + pasivos? ¿Los beneficiarios están actualizados? ¿La prima cabe sin sacrificar tu fondo de emergencia y tu ahorro para retiro? Un seguro aislado ayuda; un seguro integrado a tu plan protege de verdad.
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